Fotografía sin Frontera

jueves, 4 de octubre de 2012

Fernando Unda

Ni la meningitis que lo atacó de niño ni un accidente de tránsito en el que salió herido han sido obstáculo para Unda.
El 15 de abril es un día que Fernando Unda nunca olvidará, lo que había sido una mañana de regocijo espiritual se tornó en una pesadilla que aún no logra borrar de su mente. Sus ojos se llenan de lágrimas al recordar el accidente de tránsito que acabó con la vida de ocho personas que iban en un bus que regresaba de una reunión religiosa, todos eran sus amigos.
Fernando estaba ubicado en un asiento de la mitad, y desde un inicio tuvo un mal presentimiento, el bus iba zigzagueando y a exceso de velocidad y a unos pocos minutos de haber partido perdió pista y se estrelló contra unos árboles. Su cuerpo rodó varios metros por el piso y quedó atrapado en la parte inferior de los asientos, su esposa Flor, a quien considera su ángel guardián, lo sacó del vehículo, de ahí solo recuerda que se despertó con frío en la sala del hospital donde permaneció hospitalizado por un mes y fue intervenido quirúrgicamente por los doctores.
Fueron 30 días de angustia, y durante todo ese tiempo su esposa estaba a su lado pendiente de que no le falte nada. Ahora desde su hogar se siente más tranquilo y habla del tema, está agradecido con Dios porque siente que ha vuelto nacer.


El bus en el que viajaba Unda quedó parcialmente destrozado y sin techo.

“No es la primera vez que estoy cerca de la muerte, cuando tenía 9 años me dio una fiebre aguda que me produjo meningitis y el mal diagnóstico de varios médicos hizo que me administraran medicamentos que terminaron intoxicándome, en lugar de sanarme me hicieron perder la estabilidad de las piernas paulatinamente hasta depender de una silla de ruedas”, relata Unda.
“No me dejé vencer por la vida, cuando era adolescente me propuse ser pintor y tomé un curso de pintura por correspondencia, de ahí en adelante inicia mi historia y amor por el lienzo y los colores. No me considero discapacitado, tampoco artista, sino más bien una persona que vive y anhela llegar a algo, quiero demostrar que el hecho de que ande en una silla de ruedas no le faculta a nadie a juzgarme y a dudar de lo que digo y hago, ya que muchos creen que no pinto porque no puedo caminar”.
Su trayectoria
El artista ha pintado aproximadamente 800 cuadros y durante su trayectoria ha realizado unas 30 exposiciones en el país. La mayoría de sus obras son pinturas de ballenas, delfines, caballos marinos, gaviotas y paisajes costeros.
En el 2004 viajó hasta Washington, como invitado especial por V.S.A. (Very Special Arts), entidad que se encarga de buscar a artistas discapacitados de todas partes del mundo. Llegó hasta el Museo de la ciudad donde actualmente está una de sus obras en exhibición permanente, un delfín pintado sobre una pequeña roca, el cual es motivo de orgullo.
Su técnica preferida es el acrílico.

Y precisamente de ese viaje recuerda que la única vez que sintió la discapacidad física fue en el aeropuerto de Miami, luego de que el avión en el que viajaba hizo escala desde New York en esta ciudad y cuando escuchó al capitán de la aeronave anunciar que por mal tiempo no podrían viajar esa noche, sino que lo harían dentro de cuatro días, al verse solo y sin ningún amigo o familiar en aquel sitio tan grande y en una urbe totalmente desconocida sintió ganas de llorar porque no sabía qué hacer ni dónde ir durante los días que estaría ahí, pero para su suerte, un par de muchachos latinos se ofreció a ayudarlo y le facilitó el celular para que se comunique con sus parientes que residían en ese país.
Junto a su esposa Flor Jiménez,
 su ángel guardián, según Fernando
Irónicamente ha sentido más discriminación en su patria que fuera de su tierra, ya que ha palpado en carne propia el ser excluido de exposiciones por el hecho de movilizarse en una silla de ruedas.
Su mayor tristeza es la muerte de su madre, quien murió con cáncer a los huesos hace años, ella era la única persona que lo entendía y a la que le debe su incondicional apoyo al arte; mientras que entre sus mayores alegrías está el hecho de haberse casado y visto de cerca a las ballenas jorobadas en Puerto López, animales que han sido el motivo de inspiración en muchas de sus pinturas.
Tenía preparada una exposición para el mes de julio, pero debido al percance sufrido la aplazó para octubre, no se deja vencer y se siente más fuerte que nunca. “Después de todas estas cosas, soy un indestructible”, sentencia Fernando Unda mientras continúa pintando una obra más que incluirá en su muestra.

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